Autora: Daicy Echeverri
A las 8:17 de la noche, Camila recibió un mensaje de texto que parecía provenir de su banco: “compra por $2.480.000 rechazada. Verifique inmediatamente el estado de su cuenta”.
El enlace tenía los colores de la entidad, el logotipo correcto y una dirección web que, vista rápidamente desde el celular, parecía legítima. Ella ingresó su número de identificación y cerró la página cuando esta presentó un supuesto error.
Cinco minutos después recibió una llamada. El hombre conocía su nombre completo y le explicó que alguien estaba intentando vaciar su cuenta. Para detener la operación, debía confirmar un código enviado por mensaje de texto. La conversación fue rápida, profesional y suficientemente alarmante para impedirle pensar con calma.
A la mañana siguiente, Camila descubrió varias transferencias que no reconocía. Llamó al banco, bloqueó sus productos y comenzó una carrera contra el tiempo para recuperar el dinero. Durante la conversación, un asesor le hizo una pregunta que ella nunca se había formulado: “¿tiene seguro contra fraude bancario?”.
La historia no es real, pero reúne elementos presentes en numerosas modalidades de fraude digital en Colombia: un mensaje falso, una página clonada, una llamada convincente, la suplantación de un funcionario y la entrega de un código de seguridad.
Estas técnicas reciben nombres como phishing, smishing, vishing e ingeniería social. También están creciendo las estafas por WhatsApp, el robo de cuentas digitales, las compras fraudulentas por internet y las suplantaciones creadas con inteligencia artificial.
Ante esta realidad, una pregunta empieza a aparecer con mayor frecuencia en los motores de búsqueda: ¿existen pólizas que protejan el dinero cuando una persona es víctima de fraude bancario?

La respuesta es afirmativa, pero necesita una aclaración. En Colombia existen este tipo de seguros, ya sea para tarjetas crédito y coberturas de protección cibernética, aunque no todos responden frente a los mismos delitos ni bajo las mismas condiciones.
Fraude digital en Colombia: un riesgo que crece junto con la banca móvil
El dinero dejó de moverse principalmente entre ventanillas, cheques y oficinas. Ahora circula mediante aplicaciones bancarias, transferencias inmediatas, billeteras digitales, códigos QR, comercios electrónicos y plataformas de pago. La transformación ha facilitado la vida de millones de usuarios, pero también ha ampliado el terreno de acción de los ciberdelincuentes.
La Superintendencia Financiera de Colombia informó que, durante el primer semestre de 2025, el sistema financiero recibió aproximadamente 27.000 millones de ataques cibernéticos. La cifra representó un aumento del 69% frente al mismo periodo del año anterior.
La entidad también señaló que alrededor del 82 % de las transacciones financieras de los colombianos se realiza mediante canales tecnológicos. Esto significa que la ciberseguridad bancaria dejó de ser un asunto exclusivo de los departamentos de sistemas. Ahora forma parte de las decisiones cotidianas de cualquier persona que consulta su saldo, paga una factura o transfiere dinero desde el celular.
Las cifras de la Policía Nacional muestran otra dimensión del problema. El Centro Cibernético Policial registró durante 2024 un crecimiento del 23 % en las denuncias por delitos informáticos frente a 2023. Dentro de ese balance aparecen más de 31.000 denuncias por hurto mediante medios informáticos, más de 11.000 por acceso abusivo a sistemas, más de 10.000 por violación de datos personales, 4.716 por suplantación de sitios web y 3.494 por transferencias no consentidas de activos.
Detrás de esas cifras existen mecanismos diferentes. Por ejemplo, el phishing utiliza correos electrónicos, anuncios o páginas falsas para robar información. El smishing traslada el engaño a los mensajes de texto. El vishing emplea llamadas o videollamadas en las que los delincuentes se presentan como asesores bancarios, funcionarios públicos o familiares en problemas.
Por su parte, la ingeniería social reúne varias de estas estrategias. Su objetivo no siempre es vulnerar directamente los sistemas del banco. En muchos casos, los delincuentes buscan manipular emocionalmente al usuario para que sea él mismo quien entregue una clave, comparta su pantalla, revele un código o autorice una transferencia.
También está creciendo el uso de inteligencia artificial para crear fotografías, grabaciones y videos falsos. Estas técnicas, conocidas como deepfakes, pueden imitar el rostro o la voz de una persona para solicitar dinero, acceder a una cuenta o hacer más creíble una suplantación.

Desde la perspectiva de la víctima, todas estas situaciones pueden parecer el mismo delito: alguien se quedó con su dinero. Sin embargo, para una aseguradora, la forma exacta en que ocurrió el fraude puede determinar si existe o no cobertura.
¿Qué seguro de fraude digital ofrecen Chubb, SURA, Seguros Bolívar y BBVA?
Una de las alternativas más recientes es la póliza ofrecida a clientes de Bancolombia y respaldada por Chubb Seguros Colombia. Esta solución incluye una cobertura denominada fraude alternativo. Según la información pública del producto, puede operar cuando una persona pierde dinero después de ser engañada mediante un enlace, un mensaje de texto o una llamada.
También se contempla compras realizadas en páginas falsas, bienes pagados que nunca fueron entregados, transacciones por internet efectuadas sin autorización, clonación de tarjetas físicas y fleteo después de retirar dinero.
La oferta publicada en junio de 2026 señala una prima mensual de $24.990 y una protección de hasta $3.000.000 por evento, con un máximo de dos eventos durante el periodo indicado. El fleteo puede estar cubierto cuando ocurre dentro de las cuatro horas siguientes al retiro, mientras que la clonación física de la tarjeta contempla operaciones fraudulentas realizadas dentro de las 72 horas anteriores al bloqueo, de acuerdo con las condiciones del producto.
Sin embargo, el usuario debe revisar cuáles medios de pago están protegidos, qué documentos exige la reclamación y cuáles situaciones quedan excluidas.
La propuesta de SURA tiene un enfoque diferente. Su Seguro de Protección Digital para Personas no se limita a la tarjeta bancaria, sino que busca proteger una parte más amplia de la vida virtual del asegurado y su familia. Cubre fraude electrónico cuando un tercero realiza compras por internet con tarjetas débito, crédito, virtuales o prepagadas sin consentimiento del titular.
En estos casos, el asegurado debe solicitar primero al banco la reversión o devolución del dinero. Mientras la entidad financiera responde, la póliza puede entregar un apoyo económico de hasta dos salarios mínimos, dependiendo de la pérdida. El plan incluye respaldos adicionales de dos, cuatro o siete millones de pesos, según la alternativa contratada y las condiciones aplicables.
SURA agrega servicios relacionados con suplantación de identidad, recuperación de cuentas digitales, afectaciones a la reputación, atención psicológica y recuperación de información almacenada en celulares o computadores.
Su fortaleza se encuentra en el acompañamiento integral. Puede resultar atractiva para familias preocupadas no solamente por el fraude bancario, sino también por el robo de redes sociales, la pérdida de información o los daños causados a la identidad digital.

Por otro lado, Seguros Bolívar ofrece una cobertura de Protección Cibernética Digital con un enfoque que combina prevención, asistencia tecnológica y respaldo económico.
La información vigente del producto menciona protección para compras por internet cuando el producto no llega o el cliente es engañado por un tercero. Además, presta asistencia en casos de extorsión cibernética, recuperación de datos, eliminación de programas maliciosos, reposición de dispositivos afectados y acompañamiento ante ciberacoso o pérdida de reputación.
Esta alternativa puede ser útil para una persona que busca un seguro de ciberseguridad familiar y no solamente una cobertura asociada a una tarjeta.
Su propuesta incorpora asistencia especializada las 24 horas y licencias de antivirus y antimalware para algunos planes. Esto sitúa el producto en un terreno más amplio: no solo indemnizar una pérdida, sino ayudar a prevenir y gestionar incidentes digitales.
No obstante, una cobertura para compras fraudulentas o extorsión cibernética no equivale automáticamente a un seguro para transferencias bancarias realizadas bajo engaño. Esa diferencia debe confirmarse por escrito en la póliza.
En el caso de BBVA Seguros, por su parte, comercializa el Seguro Tarjeta Segura, diseñado alrededor de las emitidas por el banco. La cobertura incluye el uso indebido o fraudulento de la tarjeta después de su robo o pérdida, la utilización forzada para realizar compras o retiros, el robo del dinero retirado en cajeros durante las dos horas siguientes y la manipulación de cajeros automáticos.
También protege compras realizadas con tarjetas BBVA en páginas fraudulentas. En determinadas condiciones, contempla operaciones efectuadas desde un celular que haya sido robado mediante violencia y en el que se encontrara inscrita la cuenta.
Esta alternativa tiene un alcance más cercano al seguro tradicional de tarjetas. Su fortaleza está en proteger situaciones vinculadas directamente con el medio de pago, el cajero, el hurto y las compras fraudulentas.
Sin embargo, la información pública no presenta todas las transferencias inducidas mediante llamadas falsas como una cobertura general. Una víctima de vishing que autorice personalmente una transacción podría enfrentarse a un análisis diferente al de alguien cuya tarjeta fue utilizada sin consentimiento.

La comparación permite observar que no existe una única respuesta sobre cuál es el mejor seguro contra fraude bancario en Colombia, sino que depende del contexto y el riesgo real de cada persona.
¿Qué hacer si fui víctima de fraude bancario y cómo elegir una póliza?
Cuando Camila descubrió las transferencias, su primera reacción fue llamar al número desde el cual la habían contactado. Nadie respondió. Su siguiente decisión fue más útil: se comunicó con el banco a través de la aplicación oficial, bloqueó sus productos, cambió las claves y pidió una certificación de los movimientos desconocidos.
También conservó los mensajes, tomó capturas de pantalla, guardó el número telefónico, registró la hora de la llamada y presentó la denuncia. Cada elemento ayudaba a demostrar cómo ocurrió el fraude.
Actuar rápidamente es fundamental. Una persona que sospeche de un fraude bancario debe bloquear las tarjetas y canales digitales, comunicarse directamente con la entidad financiera, cambiar las contraseñas desde un equipo seguro, revisar las cuentas vinculadas y reportar el evento a la aseguradora.
El incidente también debe denunciarse mediante los canales dispuestos por la Policía Nacional y la Fiscalía General de la Nación.
Recuerda que contar con un seguro no reemplaza la reclamación ante el banco. Ambos procesos pueden avanzar de manera paralela. La entidad financiera debe analizar la operación y la aseguradora debe establecer si el hecho corresponde a una cobertura contratada.
Cuando el banco devuelve el dinero, la indemnización puede disminuir o dejar de ser necesaria. Si la entidad rechaza la reclamación, la póliza podría responder hasta el valor asegurado, siempre que se cumplan los requisitos y no exista una exclusión.
Antes de contratar conviene distinguir entre un seguro de fraude bancario para personas y un seguro de riesgos cibernéticos para empresas.
Los ciberseguros empresariales pueden proteger información de clientes, interrupciones de la operación, ataques a datos sensibles, responsabilidad frente a terceros, gastos y recuperación de sistemas. Son productos diferentes a las coberturas individuales para tarjetas o compras por internet.
En Mejor Seguros acompañamos a personas, familias y empresas en la comparación de seguros de fraude digital y protección cibernética. El objetivo no consiste solamente en encontrar una póliza económica, sino en revisar qué riesgos cubre, cuáles son sus límites y bajo qué circunstancias responde. Porque recibir una llamada falsa toma unos segundos. Perder el dinero ocurre en minutos. Recuperarlo, en cambio, depende de haber elegido correctamente la protección.

